
Nunca he sabido quien se sintió mas decepcionado sobre mis preferencias sexuales, mi madre cuando supo que NO era gay o yo cuando supe que ella siempre pensó que SI lo era…. Normalmente esta situación debió ser al revés pero… ¿Cuándo suceden las cosas como se supone que debían suceder?.... Bueno, si soy gay… y ante todo LESBIANO…. (¿Existe algo más pervertido?)
No siempre he sido el titán que soy ahora, con un metro ochenta y seis de estatura y noventa kilos de puro músculo difícilmente me identifico con ese chamaco flaquito y chaparro con ademanes de niña que jugaba a las muñecas que alguna vez fui…
Como casi siempre en esta clase de traumas, la culpa la tuvo mi madre... a Dios gracias. Hay una edad en que todos los niños somos homosexuales y misóginos, es decir preferimos la compañía masculina, nuestros lazos afectuosos son netamente gays, tenemos un mejor amigo pero no una mejor amiga… las niñas guacala!!... no entran en nuestros juegos, nuestros círculos sociales… sin embargo yo tuve un despertar sexual anticipado y anormal, desde que tengo uso de razón siempre me gustaron las niñas (y sus mamas también) …
Suena trillado pero tuve un gran don que realmente fue una maldición… yo fui un niño prodigio, no solo ya sabía leer, escribir y las tablas de multiplicar antes de terminar el preescolar … también descubrí a la mujer como la criatura más hermosa y sensual de toda la creación… me encantaba y buscaba la compañía femenina.
Cualquier excusa era buena para estar pegado a las faldas de mi maestra de preescolar, tenia una morbosa fascinación con sus pechos, me encantaba ayudarla con sus papeles y organizas sus clases mientras amamantaba a su bebito, gastaba mis momentos libres con ella tratando de captar, fotografiar en mi memoria la imagen de sus pezones erguidos, demasiado grande para desearlos como alimento y demasiado pequeño para comprender por que los deseaba, la cosa es que los deseaba … a ella le encantaba tenerme de gato y me presumía con las de mas maestras las cuales incrédulas de mis habilidades intelectuales me ponían a leer y memorizar textos cada vez más difíciles o repetir hasta el cansancio las tablas de multiplicar al derecho y al revés… creo que eso fue realmente lo que impulso mi inteligencia, y yo feliz de estar rodeado de escotes y mi minifaldas... pero también me encantaba jugar con las niñas… juegos como la casita, el te, la comidita…. ¡Dios!... no culpo a nadie de que durante esa etapa de mi infancia todos me llamaran “mariquita”… incluyendo a mi madre. Y como no, si una vez hasta le pedí que me comprara una “Barbie”… todavía me duele el cachetadon que me acomodo ese día… Yo no tenía explicaciones coherentes para mis “caprichos”… ¿Cómo le explicas a tu madre que te fascina el cuerpo desnudo de una mujer cuando tienes seis años? Quería una Barbie para quitarle su ropita y volvérsela a poner cuantas veces mi morbosa e inocente fascinación exigía…
Todo mundo me decía que estaba mal pero nadie podía o quería explicarme por que… era yo un niño genio que podía comprender casi cualquier cosa que me explicaran excepto los temas sexuales… para eso si era un muy niño, las explicaciones vendrían cuando tuviera edad… Mi Papá fallecio cuando yo tenía ocho años, era casi la única figura masculina que tenía como ejemplo, fuera de él estaba rodeado de tías, mi madre y mi hermana, no debió de extrañar que todos mis ademanes fueran primordialmente femeninos, mi sobré protectora madre me tuvo el mayor tiempo posible bajo su falda… para que nadie molestara a su hijo “el mariquita”…
Durante mucho tiempo sufrí esa agresión hacia mi persona, ser etiquetado como “maricon”, “joto”, etc… cuando una mentira se cuenta tantas veces llega el momento en que todos creen que es verdad… hasta yo, llego el momento en que llegue pensar que realmente era homosexual, aun que no tenía idea realmente lo que eso significaba…
No termine el preescolar por que mi madre creyó más conveniente meterme a la primaria pese a la insistencia de mi maestra… falsificaron mis documentos (era muy fácil en esa época) y gracias a mi estatura, pues siempre fui larguirucho, de pronto me vi en una escuela superior a lo que me correspondía… rodeado de niños por lo menos tres años mayores que yo… Y nuevamente gracias a mi maestra me volví el blanco del rencor de mis compañeritos, los hizo trabajar a marchas forzadas y los lleno de tareas con la finalidad de alcanzar el nivel del “compañerito nuevo” el chaparrito ese que ya lee y escribe cuando todos los demás apenas garabatean sus nombres… me odiaron y peor aun, cuando se dieron cuenta de mis afeminados ademanes, y apego al sexo femenino… ¡¡Marica tenia que ser!!
Ser un niño prodigio me consiguió un trato preferencial con los profesores, me toleraban a pesar de ser yo “mariquita” y las maestras se encariñaban con la tierna “mariquita”… y tanto me lo repitieron que realmente me lo creí… todavía no tenía idea de lo que era el sexo pero ya esta resignado y convencido de que era “joto”… y serlo en esa época era el escalón más bajo del nivel social, era como ser etiquetado “Basura” y así me trataban todos con excepción de mis amiguitas que siempre estuvieron ahí para defenderme, ellas como siempre más despiertas en los temas sexuales ya tenían una definición más acertada sobre “joto” y creo que honestamente les causa ternura este pobre imitador de una niña. ¡¡Que patético!!
Hay algo que define el humor de la “Basura”: infeliz, y así fue mi infancia: infeliz y resignada. Y lo que fue peor, fui sentenciado… “No importa que seas un prodigio, un maricon nunca será nada en la vida” me dijo un profesor… y le creí.
¿Por qué me tragaba todo esto? Era un niño, mucho más inocente e infante que los que me rodeaban, con mucha menos experiencia y todo ese ambiente tampoco favorecía en absoluto a mi desarrollo emocional… cuando todos ellos comenzaron la pubertad, el nacimiento del bello pubico, los primeros bigotes se lucían como marcas de hombría y orgullo… y todos se burlaban de mi por que ni por asomo me salía el bigote (me saldría tres años después como correspondía a mi verdadera edad) y hasta se jactaban de que a mi me crecería el busto.
Y el niño prodigio dejo de serlo.
La escuela había sido relativamente fácil para mi, sin el menor esfuerzo podía resolver cualquier problema, memorizar cualquier texto etc. Pero simplemente no podía encajar en ningún circulo social y lo necesitaba, me volví retraído, apático, tímido y llego el momento en que las calificaciones no me importaron, nunca me habían importado realmente, pero esta vez las clases dejaron de interesarme, leer lo libros de texto se convirtió en lo ultimo de mis prioridades y mis calificaciones se fueron en picada. Lo que faltaba, “joto” y además holgazán. Pero ¿Qué importaba? Un maricon nunca será nada en la vida ¿no?
Mi madre resignaba e impotente veía mi caída sin saber que hacer y tan sólo me reconfortaba con esas palabras que cuando la comprendí llegue a odiar “m’hijo yo te quiero tal como eres”…
¿Las cosas se podían poner peor? Sin lugar a dudas… estaba yo en primero de secundaria cuando se me ocurrió comentar que me gustaba como jugaba básquetbol un muchacho de tercero, mi comentario se mal interpreto y después toda la escuela creía que ese chico me “gustaba”… y a él no le hizo ninguna gracia, en la primera oportunidad me puso una fenomenal MADRIZA en los baños y lo peor, estaba yo orinando con los pantalones desabrochados cuando me llego alevosamente por la espalda y sin decir “agua va” me atizo una patiza de lujo (¿Quién era el joto?) a la que se unieron un par de compañeritos más hasta que un profesor llego a rescatarme, me sacaron del baño con los pantalones abajo y ensangrentado… el rumor oficial fue que me habían violado.
El directo de la escuela se encargo personalmente de callar ese rumor por obvias razones y cuido mucho de que no llegara jamás a los oídos de los padres de familia, especialmente de mi madre, por suerte, pero esa historia se convirtió en leyenda urbana y hasta donde sé todavía se cuenta como historia de fantasmas en esa vieja y achacosa secundaria de los rumbos de mi infancia.
Todo tiene un límite y el niño afeminado también dejo de serlo.
¿Hay alguna forma de distinguir a un homosexual de un heterosexual? Para los alumnos de mi escuela secundaria había una muy eficiente: pégale al gay… si alguien dudaba de tu sexualidad no había forma más eficiente de demostrar tu hombría que pegarle a un “joto” y ¿adivinen quien era ese joto?
No podría decir que me daban golpizas a cada rato, realmente era como un juego, a alguien se le ocurría que era buen momento de pegarle al joto y venían en bola con todo su grupo de testigos a buscarme, lo ideal era agarrarme desprevenido en los pasillos de la escuela o en el patio a la hora del recreo… comenzaba con una patada por la espalda y después todos me daba la clásica pamba o sea manotazos a diestra y siniestra.
Nunca me lastimaron realmente, era solo un juego “sin malicia”, una broma cruel de chicos de secundaria y que bien me merecía “por joto”. Así como me había convencido de que era gay también me convencí de que me merecía cada una de esas bromitas. ¿Cómo podía distinguir lo que era bueno o malo si ese trato era lo único que conocía?
Pero entonces me enamore… y para sorpresa mía fue de una chica… digo, nunca me habían gustado los chicos, pese a lo convencido que estaba yo de ser “joto” no había tomado en cuenta ese detalle hasta que mi corazón se desboco por una hermosa pelirroja de ojos verdes (toda similitud con ya saben quien es pura coincidencia) y sin otro recurso y ni a quien acudir a pedir consejo me volví “su mejor amiga”… que patetico en verdad pero ella así me consideraba convencida de mi homosexualidad y yo encantado con su compañía no tuve valor de sacarla de su error… no hasta que un chico le pidió que fuera su novia… y ella dijo “SI”
El rumor me llego como a todos en esa pequeña escuela publica donde todo se sabe de todos, a la hora del descanso la busque como todos los días para compartir con ella el desayuno… la encontré sentada en la barda de siempre pero sentada con él, me trague mi coraje y trate de sentarme a su lado, no me iban a robar su compañía así de fácil. Pero al chico no le hizo gracia tener tan cerca al “mariquita” de la escuela, así que me dio un empujo que me hizo dar un sentón en el piso… muy doloroso… y para variar con toda la escuela pendiente de cada movimiento mió… y peor, frente a ella.
No sé que fue lo que sucedió ese día, creo que todos esos años de frustración, represión, discriminación, burla o simplemente que ella estaba ahí… todo se fundió en ese instante. Ese día aprendí una realidad … La violencia ha resuelto más conflictos en la historia de la humanidad que ningún medio pacifico ¿alguien recuerda a algún país que haya ganado su libertad, su independencia o su revolución sin recurrir a las armas?... y mi caso fue así, no fue no el dialogo, ni las razones lo que lograron que me dejaran en paz, logre el respeto a punta de madrazos…
Ese día le puse a ese pobre chico una fenomenal paliza y no sólo a él si no a otro par de sus amigos que se metieron para separarnos. Aquella vez termine suspendido por tres días, pero me sirvió para reflexionar, casi nunca suspendía o reprendían a los chicos que me agredían, no me agredían con seriedad pero una agresión es una agresión… pero para ellos nada, la cosa era simple, yo me lo merecía por “joto”… pues si nadie los iba a castigar, los castigaría yo.
Y así comenzó la etapa más oscura de mi adolescencia, cualquier oportunidad era buena para liarme a golpes con cualquiera, estaba atento para cada vez que intentaban “jugar” conmigo, esta vez no para esconderme si no para írmele encima al primero que me mirara con malos ojos.
Coincidió con la mejor época del pandillerismo, películas como “Los Guerreros” no fueron la mejor influencia para nosotros y la ciudad se vio copada por innumerables pandillas de chicos como yo, resentidos con la sociedad, con demasiado rencor en la sangre y la imperiosa necesidad de demostrar su hombría a golpes.
No puedo decir que siempre ganaba, de hecho casi nunca, casi siempre terminaba yo en el suelo y mal, pero al menos ya no era tan fácil que me humillaran, que se propasaran conmigo… pero perder siempre nunca me gusto.
No tenía ni el cuerpo, ni la fuerza, ni la maña para salir victorioso, siguiendo mi naturaleza intelectual busque una forma de desarrollar mi fuerza y habilidad para las peleas de una forma sistematizada… y me encontré con las artes marciales, me dieron lo que realmente buscaba, no el espejismo en que estaba engañado, devolvieron el equilibrio a mi vida y me devolvieron al buen camino…pero eso es tema de otra historia…
Volví a ser yo… tan gay como siempre... pues paradójicamente deje de pelear, aprendí a controlar esa furia y canalizar ese resentimiento, a distinguir cuando una pelea merece ser peleada, es decir un insulto ya no era un detonante, pero un golpe se responde con otro. Volví a rescatar lo que quedaba de mi prometedor futuro y que ya estaba en la basura… No fue fácil, pero logre dejar atrás todo aquello, incluso los rencores.
No fue de un día para otro, me tomo años, toda una segunda vida pero al fin me transforme en alguien que me hacia sentir orgulloso con todos mis defectos, alguien que aun hoy se sigue transformando.
¿Soy gay?… con honestidad no lo sé… ¿Quién puede saberlo? Durante muchos años sufrí una discriminación y violencia por serlo… y realmente no fue por mis preferencias sexuales, fue por que yo era diferente…
pero si es la naturaleza humana ser siempre diferentes, es atributo del individúo su individualidad la cual por inercia habla de diferencias con nuestros congéneres… entonces todos somos diferentes… ¿entonces todos somos gays?...
Pero si todos somos gays, entonces nadie lo es… Y todos somos seres humanos a pesar de nuestras diferencias… a pesar de nuestras preferencias. Eso es en lo que yo creo. Así que al final soy gay sin lugar a dudas… pero como me encantan las mujeres… ¡¡Pues debo ser Lesbiano!! Ni hablar… y arriba t.A.T.u.

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